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Publicada en El Observador de Montevideo 11/08/2015



Después de las PASO argentinas, la hora de pactar



Como Uruguay todavía ve en Argentina un socio comercial posible, analizaremos los resultados de las Primarias abiertas de ayer (PASO).


Un comentario previo. El silencio electoral de cinco horas al que el kirchnerismo condenó a la ciudadanía es una muestra de la decadencia y el atraso al que ese gobierno precipitó al país en esta lamentable década transcurrida.


Tanto en el ridículo formato-papel de los votos, (1 metro)  como en los oprobiosos episodios prepotentes y patoteros de robos de boletas, se evidenció la barbarie a la que está sometido el pueblo argentino, cuya defensa se pregona hipócritamente.


Las PASO, concebidas como hoy, son una grosera manipulación de la democracia minion a la que estamos sometidos.   


Ahora veamos los resultados. Faltando escrutar 2% de las mesas, en el mediodía de ayer, el Frente Para la Victoria, que postula a Daniel Scioli para la presidencia, con la bendición de Cristina y Francisco, obtenía el 38.4 de los votos. El frente Cambiemos de Mauricio Macri conseguía el 30%  y en una interesante resurrección el frente UNA del transgresor Sergio Massa, ex Jefe de Gabinete de Cristina,  lograba 20.6%.


Estos resultados, más allá de las desilusiones o triunfos transitorios, deben leerse en función de la primera vuelta de la elección de octubre. Scioli huye de una segunda vuelta, porque nada peor para él que llegar a un escenario K – antiK, donde sabe que tiene grandes probabilidades de ser derrotado, como ya dijimos.


Macri parece estar por encima del 30% que le asegura pasar a esa segunda vuelta si Scioli, ya con el 40%  asegurado, no llegase al 45% ganador.


La pregunta elemental es de dónde sacará cada candidato o alianza los votos que le faltan. No es sensato creer que Scioli puede perder su caudal de ayer.  El voto K es hermético, automático, visceral o por conveniencia. Difícilmente cambia. Macri  no pescará en la pecera de Scioli y viceversa.


Las miradas de ambos convergen sobre UNA, el frente de Massa – De la Sota – Solá con su voto peronista no kirchnerista.  Esta alianza se benefició con la polarización creada por Cristina al designar candidato a Vicepresidente a su maoísta monje negro Carlos Zannini y privilegiar a La Cámpora frente el peronismo clásico y de caciques tradicional.


Los 20 puntos de UNA son entonces los que podrían sancionar un final en primera vuelta. Bastaría con que Scioli  captase sólo 6 puntos, o que Macri consiguiese captar 15 puntos de esos 20, para que surgiera un presidente en primera vuelta.


La tercera posibilidad es que Massa decidiese obligar a sus partidarios a un voto inútil, ya que no tiene chances serias de ser uno de los dos finalistas a la segunda vuelta. En tal caso, habría que ver si el peronismo que convoca acepta el papel de ratones de Hamelín, y si sus candidatos a intendentes, gobernadores y diputados aceptan arriesgarse a que, por adhesión, los votantes se dispersen al tener un líder visualizado como perdedor.


Con lo cual tanto Scioli como Macri tienen que tragar duro e ir a tocar el timbre de Massa. Y a su vez Massa no puede darse el lujo de no escuchar a ninguno de los dos.


Cualquier alianza ya no será exactamente electoral, por lo menos formalmente. Se tratará de coaliciones de gobierno. Tampoco le vendría mal a ninguno de los dos principales candidatos contar con los diputados massistas, en un Congreso de minorías.


Quedan 9 puntos repartidos entre partidos de centro izquierda e izquierda. La mitad de esos votos serán en blanco o ausentes. La otra mitad podrían repartirse con una cierta paridad, aunque Stolbizer es considerada como funcional a Scioli, no necesariamente a sabiendas. Si hay una sorpresa por este lado, puede ser a favor del FPV.


Para salvarnos la ropa a los columnistas, están el ausentismo de ayer, unos 3 puntos menos que habitualmente, que podría revertirse, y del otro lado los decepcionados que pueden borrarse.


Sólo hay una cosa que no debería pasar: dejar librados a los votantes a decidir por uno o por otro. Ninguno de los dos finalistas va a tomar ese riesgo. Sería iluso creer en la persuasión pura.


En otros órdenes, en la Provincia de Buenos Aires pasa lo mismo, pese al gran resultado por la lucha de la gobernación de la macrista María Eugenia Vidal contra el FPV cuyo representante principal es el peligroso Aníbal Fernández, jefe de gabinete de Cristina, recientemente embadurnado en acusaciones terroríficos de narcotráfico, la industria más importante instalada por el kirchnerismo en el país.


En ese distrito clave, la candidatura de Felipe Solá por UNA será una ficha de negociación con Macri o Scioli.


Todo el juego es una suerte de dilema del prisionero, en el que sólo una decisión es la más adecuada y en todas las demás se pierde. En ese escenario, recordemos un nombre: José Manuel de la Sota, el gobernador de Córdoba, aliado de UNA, respetado por el peronismo de todos los colores y con una larga experiencia en estas lides.


Macri y sus seguidores parecen embargados en una cruzada evangélica y no quieren “ensuciarse” con el peronismo de Massa. Éste y los suyos mascullan su resentimiento por el ninguneo anterior del Pro.


Mientras tanto, con los seguidores de Mauricio Macri tan eufóricos como en la segunda vuelta de CABA donde un chiquilín carilindo y playboy les mojó la oreja y los retrasó, Scioli da discursos proclamando el diálogo.


Y sólo necesita 6 puntos más para ganar en primera vuelta.
  


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