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Publicado en El Observador, 30/07/2022


Detrás del martirio cristinista

 

Si se espía al dorso del decorado de ópera, de los berrinches, los bailes y los discursos a los vecinos, hay algo más que una personalidad enfermiza




 









Es posible simplificar y decir que Cristina Fernández está luchando por su impunidad política al estilo peronista, es decir, tratando de ocupar la calle, martirizarse como hizo Eva Perón o amenazar con un caos o un enfrentamiento social típico de su movimiento, que siempre resolvió sus diferencias a tiros sobre las calles de la república. 

 

Es cierto que esa explicación simplista pierde fuerza cuando se advierte que a la convocatoria de una marcha seudoespontánea sólo logró rejuntar 3 o 4 mil personas que fueron transportadas en vehículos escolares – una suerte de marca de fábrica del peronismo – tentadas con el choriplanismo (neologismo tuitero) o directamente empujadas a concurrir al acto de acoso y molestia a los vecinos, de provocación al gobierno ya complaciente de CABA, que obraron como una claque al relato dialéctico que se limitó a reivindicar el derecho de la viuda de Kirchner a molestar a sus vecinos, en el borde mismo de la demencia. 

 

Esa es la interpretación fácil, de compromiso, de exégetas de los burócratas gobernantes y de los políticos multipartidarios que buscan el poder por el poder mismo. Aunque no es mentirosa, porque el ataque a la corrupción no es popular ni en el ambiente político ni en el ambiente empresario-sindical argentino. La prueba es que el mentado gasoducto Néstor Kirchner beneficia económicamente a varios de los confesos corruptos en la causa de los cuadernos.

 

Detrás de esa murga triste y de baja estofa organizada por el peronismo franquicia Kirchner & testaferros hay mucho más que la impunidad o casi el derecho de los políticos a vivir del robo, junto a sus amigos ricos licitadores. Aunque ya se empezó a agregar al argumento del lawfare la acusación de que, luego del fallo del Tribunal, viene el fallo de la Cámara de Casación, que está integrada por compañeros de paddle de Mauricio Macri, que a esta altura parece ser un Putin criollo, capaz de descollar en decenas de deportes. Lo que, en resumen, descuenta y descalifica gratuitamente un fallo que la declarará culpable. La gran Lula, dirían los muchachos. 

 

No hay demasiada diferencia entre el concepto de atemorizar a la sociedad que se esboza hoy con el patoterismo de Eduardo Duhalde hace 20 años, donde también mandó sus violentos a las calles y dónde también pedía sin ningún asidero la remoción de la Corte Suprema, en respuesta al reclamo popular del “que se vayan todos”, que fue caratulado por la prensa pautera como antidemocrático, pero que resumía lo mismo que reclama la ciudadanía hoy. Con suficientes razones. 

 

La verdad es más amplia y multiespectro. El peronismo en todos sus formatos está perdiendo las elecciones de 2023 por paliza. Las primarias en la elección para intendente de Avellaneda, Santa Fe, que acaban de realizarse, son admonitorias. En esa ciudad clave el peronismo no llegó a reunir ni el 25% de los votos presentando dos candidatos contra el ganador de Juntos por el Cambio con el 74%.  Entonces empiezan a barajarse ideas que se arrojan como globos de ensayo sobre los votantes, para tantearlos: una de ellas es la intención de suspender las PASO, inventadas por el peronismo para perpetuarse, pero que ahora amenazan con barrerlo del mapa aún antes de llegar a las elecciones generales. Esa decisión, supuestamente a tomarse por razones económicas – una burla en un gobierno que dedica más presupuesto a subsidiar sus empresas escandalosamente deficitarias que al pago de maestros – podría permitir que el Frente de Todos, o como decida llamarse, manosease sus candidaturas a gusto, y al mismo tiempo impedir que la oposición tuviese su interna imprescindible en una coalición. Esa simple posibilidad, que ya fue arrojada sobre el tablero, alcanza para asegurar el desorden y la arbitrariedad imprescindible para el partido de Perón. El desorden y el caos social es una manera de aumentar la fuerza interna de Cristina y sobre todo de la Cámpora, protagonista y beneficiaria de buena parte de los desaguisados económicos, incluida la corrupción. Al mismo tiempo, es un foco de violencia que -como se sostiene más arriba - no es extraño a la metodología del movimiento justicialista. 

 

Otro punto que urtica a los gobernadores, los intendentes y todo el esquema de satrapías peronista es lo que se denomina el ajuste, que supuestamente llevará adelante Sergio Massa, bajo la impronta del Fondo Monetario. También con ese hecho tiene que ver la rebelión sediciosa promovida por la vicepresidenta. En cualquier momento se producirá un enfrentamiento sordo o abierto con las bases y una lucha intestina con resultados inimaginables, tanto porque la realidad económica hará su trabajo, como porque los punteros o caudillos (la Argentina de siempre, desde Quiroga y Mitre en adelante) no aceptarán que se toque “la suya”. Esta aparente concesión sumisa del peronismo que representa Massa se resquebrajará de golpe. Cristina se intenta apoderar de la calle, de la protesta y de la violencia como herramienta para liderar su partido y volver a hacerse fuerte. 

 

Todos esos rayos que caen sobre la cabeza del actual gobierno se están intentando resolver con una especie de pacto de la Moncloa criollo, de entrecasa o de cabotaje, con cero grandeza y cero patriotismo: con la amenaza de que sin el peronismo no se puede gobernar, (por la violencia que maneja y genera, por el control de las bases sindicales y de los piqueteros y organizaciones populares, por sus gobernadores que no tolerarán perder las satrapías) ya está funcionando un pacto con otras fuerzas, una de ella Juntos por el cambio, o con militantes de otras fuerzas, mejor, que de algún modo ya había comenzado a gestarse en el gobierno de Cambiemos, (el reproche sin apellidos que hace hoy Macri) que supuestamente tomará las medidas duras que hacen falta para salvar al país. Suponiendo que la sociedad, destrozada por la deseducación y la coima al votante del populismo complaciente, quiera salvar al país y no ordeñarlo. 

 

La viuda trata de mostrar su fuerza para tener protagonismo en esa alianza, de ser la jefa del mal, alguien imprescindible en cualquier negociación. Y lo está logrando. No es casual que opositores aparentemente recalcitrantes no se hayan expedido concretamente sobre la señora Fernández y su juicio por corrupción. ¿Por favores previos? ¿Por lealtad mafiosa? ¿Porque no quieren quemar los puentes para futuras negociaciones? Políticamente no importan las razones, aunque éticamente puedan ser repudiables y horribles. En este mismo momento la oposición está virtualmente apoyando la prórroga de impuestos confiscatorios como el de Bienes Personales, o el Acuerdo Fiscal que les permitirá a los gobernadores eternizar el déficit y con él la inflación y el robo impositivo. El argumento es que no se puede desfinanciar a la Nación. O sea, a las provincias, o sea a los gobernadores e intendentes. Y lo dicen los mismos que defienden la dolarización, que tendría el mismo efecto de desfinanciar el gasto superfluo e inútil de la Nación y las provincias.

 

En base a esos argumentos sostienen que hay que dar quorum para el tratamiento de esas leyes, para luego afirmar de inmediato que de todos modos el oficialismo tiene quorum propio, y hará lo que quiera. Evidentemente, ya hay un pacto político. No será de la Moncloa, pero es un pacto. Que, si no es mafioso, se volverá mafioso, si se mide con la evidencia empírica.  Por eso también está surgiendo una línea de pensamiento paralela, que equipara a Macri con Cristina, que decreta que ambos deben hacer el sacrificio de inmolarse para otorgarle viabilidad a ese pacto. Lo que debe traducirse así: eliminemos a Macri, que se opone al pacto. 

 

Al mismo tiempo, el viceministro de Economía arrepentido hizo circular un tuit en el que promete que no se anunciará una devaluación por lo menos este jueves. Un tipo de comunicado sobre el que hay mucha experiencia. Es posible que se anuncie en cambio un desdoblamiento cambiario, una devaluación al fin, pero con un contenido de estafa de los que sirven para aumentar la desconfianza. En breve empieza la pelea interna sobre el tema, y no será liviana.  

 

La nueva oligarquía de la burocracia política, sin distinción de partido, está pensando en el futuro. En su futuro. Por eso es pueril creer que lo que hace la dueña del Senado tiene que ver con su currículum psíquico, o con alguna enfermedad detallada en el DMS5. Todos los dictadores fueron enfermos psiquiátricos. Lo que hace Cristina es aplicar la teoría política tan bien explicada por Perón en sus libros y manuales. Lo otro es sólo una serie de Netflix, como diría la abogada exitosa. 

 

Este proceso de deterioro de la democracia, de la economía y del bienestar no debe confundirse con el accionar de la vicepresidente, como gusta creer Uruguay. Lo que ha postrado a la Argentina es el déficit, el populismo, la dádiva, el exceso de gasto estatal, la destrucción sistemática del empleo privado, el temor de la inversión por sus impuestos patrimoniales y al ahorro, el odio a la empresa privada, el socialismo real, copiado, inventado o imitado. Mézclense los mismos ingredientes y se obtendrá algún formato de Cristina Kirchner.