Publicado en El Observador  15/06/2021



Peligro: ¡auditoría!

 

Las seudoempresas del estado deben someterse a permanentes y exhaustivos controles públicos y sus inversiones y gastos deben tener una lupa permanente sobre ellos

 





















La columna sostiene lo engañoso del término “empresa del estado”, conque se designan los entes monopólicos que manejan recursos supuestamente estratégicos. No solamente no son empresas, en su más elemental acepción, sino que tampoco son del estado, sino de sus jerarcas, en la práctica. No a la hora de pagar, claro. En general, y no solamente en el ámbito local, esta denominación les permite a sus directivos gozar de una múltiple inmunidad. No suelen estar sujetas a muchas de las reglas de transparencia de la Administración Pública, pero al mismo tiempo tampoco son verdaderas Sociedades Anónima sujetas a las reglas privadas de eficiencia, rendición de cuentas y sanciones económicas y penales. 

 

Petrobras es un fácil ejemplo de esta aseveración, que a la descripción anterior suma la costumbre de ir metiendo bajo su ala actividades que se van alejando de su objetivo central. Seguramente hay quiénes preferirán creer que Brasil también esta lleno de ladrones del primero al último, pero la experiencia muestra que muchas de estas "sociedades" del estado terminaron exponiendo su ineficiencia y corrupción en cualquier parte, aun en los sistemas soviéticos y sucesores, en estos casos con mecánicas de auditoría más duras que las occidentales. 

 

Cuando el presidente prometió en campaña someter a esos entes a una auditoría integral seguramente buscaba evidenciar muchas de las prácticas personales dudosas tras quince años de gestión frenteamplista, pero también tenía un objetivo presupuestario. Limitado constitucionalmente para bajar el gasto burocrático de la Administración - cuyo nivel y crecimiento no tiene en cambio límites constitucionales - las “empresas” del estado requieren y permiten un profundo replanteo, tanto en la omnipotencia en sus supuestas inversiones, como en sus costos de operación, incluyendo cualquier tipo de excesos, abusos o potencial corrupción. (Afortunadamente, los gobiernos de tres lustros no tuvieron tiempo o no advirtieron las ventajas de otorgar inmunidad constitucional a los jerarcas de esos entes y a sus decisiones)

 

Las auditorías encargadas son imprescindibles desde varios puntos de vista. Para detectar inversiones ruinosas o ineficientes, exponerlas y no repetirlas. Para analizar y responsabilizar a los jerarcas de los excesos e irregularidades en esas inversiones. Para deslindar los posibles actos de corrupción en cualquier adjudicación o contrato, o en los gastos personales. Para estudiar cada estructura, su eficacia y su razón de ser. Para ahorrar a partir de esas conclusiones. Y también para no entronizar a los funcionarios como sátrapas, en una Nueva Clase protegida por la política. Con alguna experiencia sobre este aspecto, se puede sostener que tan solo el capítulo dedicado a las tercerizaciones y licitaciones podría proveer los fondos para una suficiente y eficaz ayuda a los damnificados por la pandemia, que con fácil énfasis reclama el propio Frente Amplio. 

 

Sería lamentable que se politizaran el mecanismo de revisión y sus conclusiones. Tanto de parte del gobierno como de la oposición. Algún comentario presidencial sobre la necesidad de poner todas las cartas sobre la mesa tiende a desvirtuar el criterio. Como también es inaceptable la evasiva excusa de algunos frenteamplistas de que en medio de esta pandemia no se debe perder tiempo en detalles menores de gerenciamiento. Al contrario, debería institucionalizarse el sistema, con estudios de auditoría privados y publicación detallada de sus informes como una manera de garantizar la seriedad, probidad y prudencia en el manejo de la cosa pública. Con pandemia aún más, por las tensiones que crea el gasto adicional para paliarla.

 

En oportunidad de comentar la amenazante profecía de cortes masivos que formularan los jerarcas de UTE, esta columna se preguntaba si semejante coerción no tendría que ver con los resultados desfavorables de la auditoría. A la luz de algunas conclusiones, ahora tiene sentido volverse a formular la pregunta. 

 

El antiejemplo de Ancap debe ser una referencia ineludible si se pretende seguir sosteniendo la honestidad del sistema político.  Además de la seriedad presupuestaria. La descapitalización absoluta y multimillonaria (en dólares) del ente ni siquiera ha merecido un análisis profundo y técnico, ni una completa explicación pública. El escándalo termina en una acusación tardía ante la justicia por maniobras que, aunque conformen actos delictivos, son nimias frente a la gravedad de la pérdida ocasionada sin sanción ni conclusión alguna. Las auditorías de hoy, aún antes de haberse publicado sus conclusiones, empiezan a confirmar algo que se prefería no ver. No se trata de cuestiones éticas, que es el paraguas bajo el que se cobijan las defraudaciones contra el estado, lo que permite que estos casos sean derivados al juicio comprensivo de corporaciones tolerantes y cómplices. Se trata a veces de delitos, o posibles delitos graves. 

 

Las auditorías van a exponer algo más: la mentira de que el gasto (y lo que erróneamente se llama inversión estatal) no se puede bajar sin afectar a los que menos tienen. La deliberada mezcolanza y confusión presupuestaria oculta entre las dádivas solidarias, (una coima a la población, diría Fukuyama) la porción de torta que se reservan algunos burócratas para sí. Una de las peores formas de desigualdad. Siempre y en todo lugar, (en Uruguay también, vea) cuanto más se sepa en qué y como se gasta, quién y cómo lo hace, más justa será la sociedad. 

 

Claro, es más fácil, y más rentable, subir tarifas e impuestos. Las “empresas” del estado son las únicas con facturación, clientela e inversión aseguradas.






Publicado en El Observador. 08/06/2021



El que con kirchnerismo 

se acuesta…

 

No se debe entrar en la trampa del uso de los juicios que inventa el gobierno vecino para imponer una posverdad con la que intenta borrar la evidencia





 











El pedido de asilo del abogado Rodríguez Simón y la posterior extradición solicitada por Argentina es un culebrón que García Márquez habría soñado para su Macondo, en un capítulo destinado a las relaciones con el gobierno vecino y su conductora.  

 

Esta columna no se dedica a defender políticos argentinos, adhiriendo como adhiere a la precisa definición del expresidente Jorge Batlle; ni tampoco políticos universales, de quienes sospecha por principio. De modo que no se ensayará aquí una defensa de quién hasta ayer era un desconocido y hoy pasa a ser “Pepín”, como si se tratara de un conspicuo protagonista de la vida argentina. Pero importa repasar algunos datos.  

 

¿Por qué se solicita la extradición del diputado del Parlasur y ex funcionario de CABA?  porque la jueza Servini de Cubría quiere indagarlo sobre la denuncia de presuntas actividades de una supuesta asociación ilícita en 2018/2019 para presionar al Cristóbal López y obligarlo a ceder su cuasi empresa Indalo a alguien que no se explicita en la demanda. Tampoco se ofrecen pruebas, salvo un listado de números de llamadas a un par de jueces de la Corte y a otros magistrados sin relación con el juicio por las estafas de ese grupo, y la afirmación de que para esos fines se habría organizado un chantaje periodístico. El kirchnerismo usó reiteradamente este recurso para silenciar a periodistas y desvirtuar varias denuncias contra sus manejos corruptos, ofreciendo como prueba artículos de diarios y fotos y solicitando se indague sobre el contenido de los llamados. 

El grupo Indalo, un confuso paraguas dialéctico de difuso formato societario, compró en 2011, durante el mandato de Cristina Kirchner los restos de Petrobras, operación discutida (no en foros argentinos) bajo la acusación de pago de retornos a los brasileños. En ese momento la situación impositiva y financiera de la petrolera adquirida estaba en orden. El 9 de setiembre de 2013, La Nación publicó una nota de Hugo Alconada Mon, su investigador estrella, que puede leerse aquí, cuyo título fue Cristóbal López financió su compra de Petrobras con impuestos impagos” y su subtítulo El empresario kirchnerista contrajo una deuda de más de $ 1200 millones con la AFIP, que usó en la operación; luego se acogió a una moratoria muy favorable”El conocido periodista detallaba allí que, con el nombre Oil Combustibles, López había comprado el negocio de Petrobrás, (como Ezkenazi hizo con YPF) y había retenido 1.230 millones de pesos del impuesto al combustible que se cobra por cuenta y orden de la AFIP, delito que se pena con la cárcel para cualquier contribuyente. A esa altura, el monto escamoteado representaba 300 millones de dólares. 

Alconada narraba que con esos fondos ajenos Indalo había comprado otras empresas, entre ellas medios de comunicación, como C5N y Radio 10, de Daniel Hadad, hoy sistemáticas usinas de propaganda kirchnerista. Si bien la compra fue por montos relevantes, Hadad sostuvo y sostiene que sufrió todo tipo de presiones para obligarlo a vender. Justamente lo que denuncia López que ocurrió con su empresa, lo que nunca antes alegó. También el artículo explica que la AFIP – que no perdona a un monotributista mil pesos de atraso - otorgó a Oil una comodísima moratoria no ajustable, con intereses mucho menores a los que cobra a cualquier mortal contribuyente, a plazos mucho más largos y sobre una retención delictiva que dudosamente estaba en sus atribuciones conceder. Por eso fue procesado y separado de su cargo Ricardo Etchegaray, posteriormente reincorporado por la kirchnerista Marcó del Pont con un cargo abstracto, pero bien remunerado. 

En una posterior nota en 2016, que se puede leer aquí, el mismo periodista agrega que, luego de la moratoria, López siguió con el mismo procedimiento de no depositar la retención del impuesto, con total silencio y anuencia de la AFIP durante los 4 años del segundo mandato peronista, hasta llegar a una deuda impagable de 8.000 millones de pesos, al cambio promedio, unos 1.300 millones de dólares. Entre las operaciones del bautizado grupo Indalo, estaban pagos hechos por su hotel El Remanso al hotel Alto Calafate, de la familia Kirchner. También cuenta que una de las empresas creadas y financiadas con esos fondos sustraídos a la AFIP está la inversora M&S S.A, a la que se transfirió la propiedad del hotel Alto Calafate. La hija de Alicia Kirchner, Romina Mercado, trabajó desde 2012 como ejecutiva de esa inversora, al mismo tiempo que presidía el directorio de Hotesur, la empresa controlante del hotel Alto Calafate. 

 

El periodista cuenta que envió sus conclusiones a López y De Sousa, su socio, para que hicieran los descargos oportunos, quienes como única respuesta le solicitaron que no la publicara. Un día antes de la publicación, con un acta interna y sin valor jurídico alguno para la ley de Concursos, se repartieron las participaciones entre los socios, de modo de evitar lo que en cualquier juicio concursal se haría, o sea la extensión del procedimiento a todas las empresas de un grupo o dueño. Sólo ese pase de magia habría significado sanciones económicas y penales para cualquier contribuyente, aún por sumas infinitamente menores. Y su invalidez. 

 

Curiosamente, y por métodos similares, (e ilegales) ya en el gobierno de Macri fue salvado de los embargos y la posible quiebra el negocio del juego, que además de tener operaciones en Estados Unidos, tiene el rentable negocio de las tragamonedas del hipódromo de Palermo, en sociedad con importantes amigos macristas. Tan ilegal como lo anterior. 

 

Ni Alconada Mon ni La Nación figuran en el listado de números telefónicos de los que se acusa a Rodríguez Simón de haber marcado en 2018/19. La causa madre sobre estos temas,  y otras, originadas en el impulso de Lilita Carrió, estuvieron o están a cargo del Juez Ercolini, que fuera designado con acuerdo del Senado durante el gobierno de Néstor Kirchner. Además de la notoria sed de venganza de Etchegaray y otros afectados, la descalificación y licuación del proceso a Cristóbal López y De Sousa, que se intenta ahora, tiene mucho que ver con que en ese juicio se evidencia la vinculación de Cristina Kirchner con pagos de dinero muy dudoso.  

 

López alega que se le quiso obligar a apoyar con sus medios al macrismo, lo que no sólo no tiene que ver con su defraudación a la AFIP, sino que es poco creíble dada la intrascendencia inmediata lograda por esos medios al día siguiente de la compra. Hoy acusa también a su ex elegido Ignacio Rosner de querer desposeerlo, una impericia, seguramente.  

 

Hace y hará bien el presidente Lacalle en no inmiscuirse ni dejarse presionar por estas operaciones de sainete y en referirlas al mecanismo jurídico oriental vigente. Nada de lo que haga el kirchnerismo será sano ni serio. Nada de lo que se pacte con él será cumplido. No se deben confundir las relaciones internacionales con la complicidad. El calado del puerto, el Mercosur o la Hidrovía seguirán un camino de colisión inevitable. Cristina es incapaz de negociar. 





Publicado en El Observador el 01/06/2021


Hacia el sueño de la jubilación 

sin trabajar

 

El riesgo de reformar lo que anda mal para hacer algo peor es la dura amenaza al futuro del equilibrio presupuestario y de la economía




 





La prórroga de 45 días solicitada para emitir su dictamen por la Comisión de Expertos que analiza la reforma al sistema jubilatorio no es sorpresiva. Tampoco será suficiente. Como se sabe, la necesidad del cambio se acrecienta con la presión de las calificadoras de riesgo y el FMI sobre la imperiosa necesidad de reducir los costos del régimen de retiros, que va camino a ser el mayor potenciador del déficit en el país, en la región y en el mundo, aún donde los regímenes sean privados. 

 

En consonancia con el diagnóstico de esta columna de que la cuestión es insoluble, todo hace pensar que cualquier propuesta terminará subiendo los costos en vez de bajarlos. La idea del Pilar Cero sobre la que está girando la discusión hoy, alcanza por si sola para varios años de debate. O para un debate permanente. Los expertos del comité hacen enormes esfuerzos dialécticos para asegurar que no se trata de una Renta Básica Universal, aunque se trata exactamente de eso, a poco que se analice los objetivos y la descripción de la prestación. 

 

Como el Pilar es una suerte de sueldo mensual mínimo indexado por inflación a ser soportado por el sistema, con prescindencia de que haya existido o no trabajo previo y aportes, de la recaudación o de cualquier otro limitante, al concepto de solidaridad intergeneracional que caracteriza el sistema de reparto, (algunos le llaman esquema Ponzi) se agrega ahora (y así se lo explica) la solidaridad intrageneracional. O sea, para los distraídos que no han comprendido lo que esto significa, que los trabajadores con más ingresos y con más años de aportes, subsidiarán con su retiro futuro a los que aportaron poco o no aportaron nunca. Lo que también lleva implícita la solidaridad interrubro laboral. Esto es porque los trabajadores de ramas tecnológicas o especializadas, con mayor formalidad y salarios, y también con más formación, estudios y preparación, subsidiarán a los que no tuvieron lo que se interpreta como suerte, cuando en realidad es esfuerzo, sacrificio, mérito (con perdón) y disciplina. 

 

Para verificarlo importa estudiar lo que ocurría un instante antes de la pandemia, si alguien se tomara el trabajo de analizar las cifras: el déficit cubierto por impuestos no se debía a las jubilaciones con aportes regulares, sino a todos los subsidios extrasistema de cualquier tipo, incluyendo las jubilaciones sin aportes. 

 

Como la nueva ecuación será deficitaria, aún con el subsidio obligatorio que se substraerá de los beneficiarios legítimos con aportes plenos, el bache se intentará rellenar con impuestos. (El argumento de que hay otros subsidios y recursos disponibles que se redigirían a financiar el Pilar Cero es ilusorio y desconoce deliberadamente el comportamiento de cualquier dádiva del estado y de cualquier subsidiado) También desconoce que, con la tendencia a la obsolescencia de muchas tareas, con la actual legislación laboral y con el accionar antiempleo del Pit-Cnt, esta criatura es un invento explosivo. No es viable la jubilación sin trabajo ni aportes previos. En ningún sistema. Salvo un ajuste en lo que se conoce como tasa de reemplazo, o sea de los haberes mensuales del jubilado. Con los efectos de la pandemia, en la coyuntura, el resultado empeora hasta meter miedo. 

 

Con lo que el déficit está garantizado. Pandora se sorprendería de las cosas que pueden salir del fondo de un comité de expertos, que además de ser sensible y solidario, tiene que compatibilizar criterios con el propio Pit-Cnt. Lo que significa que, cuando la propuesta de la comisión se evalúe financieramente, habrá que salir a buscar a quién gravar para que la ponencia sea viable. Y allí se harán tres descubrimientos. El primero, es que cualquier impuesto de cualquier naturaleza afecta siempre al nivel de empleo, casi instantáneamente. Lo que también afecta el nivel de bienestar y crecimiento. El segundo es que eso agrava el problema jubilatorio en una sinusoide fatal. El tercero es que la grieta, o las grietas, se han profundizado. Un círculo vicioso perfecto. Falta ver el nivel de daño que se infligirá a las AFAP, que ocupan el centro del blanco del odio de la central monopólica sindical. 

 

Grietas que no se abren sólo entre pobres y ricos, para ponerlo en términos de globosocialismo, sino entre quienes trabajan o no, entre quienes invierten tiempo, dinero y sacrificio en su formación y los que dicen que han sido postergados, casi desvalorizando el logro de quienes han padecido iguales privaciones y olvidos, pero han elegido otros caminos. No se trata de dejar de lado a quienes necesitan un auxilio económico imprescindible. Se trata de no mezclarlo ni financiera ni presupuestariamente con la jubilación, o sea de no ocultarlo. Porque eso abriría el camino a la demagogia populista sin costo aparente. La dádiva y la sumisión. Y más sabotaje al empleo.  


El problema de la jubilación es insoluble dentro del marco global del trabajo, o del cambio de la demanda laboral, mejor, lo que se agrava con el empecinamiento doméstico en expulsar el empleo y al empleador con impuestos, proteccionismo, monopolios estatales, sistemas rígidos y solidarismo voluntarista e instantáneo.

 

El principal partido opositor, el Pit-Cnt, como ya se ha dicho aquí, tendrá que elegir entre imperar sobre sus afiliados cautivos hasta que se extingan, o replantear su lugar y su papel en una transformación para que no sólo el sistema jubilatorio, sino el mercado de trabajo – vuelvan a funcionar y crecer y con ellos la economía. 

 

Más claramente, tendrá que elegir entre responder a su ideología internacional y lo que le conviene a los trabajadores de su país, una contradicción que deberá resolver para que el empleo no sea un imposible más grave que la jubilación. 



 

 






Publicado en El Observador  25/05/2021


Chile redacta su carta a Papá Noel

 

El “hagan lío” papal parece usarse como forma válida de imponer las ideas y reclamos por la violencia y el caos, vestida de democracia

 


La pandemia obró como un disparador, una excusa o justificativo de lo que se conoce como reseteo mundial, un movimiento global anticapitalista. El eterno sueño de la izquierda en todos sus formatos, ropajes, o aditamentos. Con las omisiones, defectos y excesos del capitalismo - que la columna expuso reiteradamente sin eufemismos – ningún otro sistema ha reducido la pobreza, generado tanto empleo y bienestar ni tantos avances de la humanidad como éste. En realidad, fue el único en lograrlo, seguramente a una velocidad diferente a lo que cada individuo pretende. Esto también aplica a su identificación con la democracia, de la que fuera por tantos años defensor a ultranza, sinonimia excluyente. 

 

Es que el socialismo con todos sus apodos posteriores, (que varía a medida que fracasa aplicando las mismas o similares recetas) suele adherirse a una democracia optativa: niega el derecho de quienes lo derrotan en elecciones limpias y reclama su potestad ilimitada de regir la propiedad y la libertad personal, social y económica cuando gana. Pero una vez que obtiene el poder por las urnas, ya no lo devuelve, o como máximo, sólo lo presta mientras organiza la próxima asonada, su próximo plan de huelgas o motines, su insurrección. 

 

Hayek tuvo en su momento la inteligencia y el coraje de exponer claramente el proceder de los gobiernos de planificación central, o sea el izquierdismo de mil apodos, al decir que, al fracasar su modelo de confiscación y redistribución burocrática el final era siempre el mismo: la dictadura. Lo que la calle simplifica así: “cuando se acaba la plata el populismo fracasa”. Ese es el momento más peligroso. 

 

El “reseteo mundial” vuelve a insistir en la promesa de bienestar instantáneo global, escudado ahora en la democracia que pregona, para lo que tiene poca autoridad, a la luz de la historia. Livianamente, equipara las violentas acciones de masas en las calles de Estados Unidos, de París, de Calí y de Santiago con protestas populares legítimas, cuando en realidad fueron acciones políticas dudosas que terminaron por socavar a los gobiernos democráticos.  O lograr que la violencia organizada sea herramienta exclusiva de la izquierda, en nombre de la “gente enojada”. 

 

Aquí vale la pena recordar la pedrea subversiva, violenta y planificada contra el Congreso en la era Macri, cuando se debatía democráticamente una modesta reforma a la ley de pensiones argentina. Uno de los elementos que desestabilizaron a un gobierno que no podía ser seriamente considerado liberal o de derecha. Así se llegó al período populista de los Fernández, que con un vulgar decreto estafó a los jubilados y convirtió las pensiones legítimamente merecidas en limosnas intrascendentes. La democracia no valía para Macri. Vale para Fernández. 

 

No hay dudas de que la constitución chilena será anticapitalista y antiempresaria, asegurada la matemática de los dos tercios y el posterior plebiscito. Fruto de las aspiraciones de una igualdad imposible, (la igualdad es imposible en la naturaleza y en toda actividad humana) que desgraciadamente tratará de ser implementada por ley. Como se sabe, cuando las cifras mundiales de la pobreza se redujeron como nunca en la historia, el globosocialismo cambió la demanda hacia la desigualdad, que nadie ha probado que tenga algo que ver con la pobreza. Pero esa dialéctica y relato sistemático esconden detrás de su promesa de redención, de su nueva esperanza, un repetido formato de populismo demagógico. 

 

Está probado que, si se promete el cielo, el resultado democrático, o más bien el resultado electoral, favorecerá a quien lo prometa. La pregunta es qué ocurrirá con las minorías. ¿Serán los gusanos proteicos conque se alimente por un tiempito la ilusión del reparto universal? ¿Se les permitirá sublevarse como en Colombia, Chile, Washington o París y a eso se le llamará ejercicio de la protesta democrática? Tal vez una vueltita por Argentina vendría bien para responderse esas preguntas. Se dirá que el peronismo no es socialismo. Nombres, sólo nombres. Las metodologías y el materialismo dialéctico, el relato, son iguales, los procedimientos y las promesas también, como el engaño a las masas. Y blandir la democracia como un mandato divino que arrasa con los derechos cuando gana; y por supuesto, negarla, devaluarla y sabotearla cuando pierde. Cual enseñó Bakunim. 

 

Como sostuvo este espacio, Chile reformará su constitución y la convertirá en un largo listado de garantías de todo tipo. Incumplibles e infinanciables la gran mayoría de ellas. Una sucesión de pedidos a Papá Noel con consecuencias graves y permanentes. Como también se ha sostenido aquí, la resultante será una oportunidad para Uruguay, porque es por ahora de los pocos países sensatos y serios del subcontinente, sobre todo una vez que la onda que arrasó a Chile se encargue de sepultar a Ecuador y Perú, despreciando sus democracias que no le convienen. 

 

Con un riesgo: el supuesto triunfo del accionar incendiario y subversivo en varios países, Chile el más destacado, será una tentación para la izquierda persistente. No importa cuán bien le vaya a un país, a su gobierno y a sus políticas, siempre se puede alegar la discriminación a los charrúas, la desigualdad, las diferencias de género, preferencias o percepción de sexo, la polución, el calentamiento global, la injusticia de los que ganan más que el que protesta o la corrupción, de la que la izquierda está exenta, como se sabe.

 

Cuando se ha instalado el miedo, el odio, la envidia, la esperanza milagrosa de felicidad, la ignorancia, la indignación o la prepotencia en los individuos, la democracia termina siempre en dictadura. Y la sociedad mucho más pobre. Uruguay es distinto, por suerte. ¿Verdad?


 






Publicado en El Observador. 19/05/2021


El momento oriental

 

No cualquier país da lo mismo para invertir. No imitar lo que hace la mayoría es una ventaja competitiva que no se debe desperdiciar



 













El fin de semana Chile decidió masivamente tomar el camino sociocomunista, al votar constituyentes que la llevan sin remedio y sin retorno al desempleo, la pobreza y seguramente al totalitarismo estatal.  Argentina sigue decidiendo a cada instante profundizar su catástrofe popusocialista, su monarquía absolutista kirchnerista y ahora vuelve al ataque contra los patrimonios privados con nuevos saqueos impositivos; de paso, sepulta su credibilidad internacional en su payasesco alegato para que se considere normal y comprensible no pagar las deudas. 

 

Brasil abre un signo de interrogación gigante, en lo económico, lo social y lo político. La reaparición de Lula no permite hacer inferencias lineales. Como sería, por caso, pensar que el expresidente repetiría sus alianzas y sus alineamientos procapitalistas en caso de ser electo. O que se darían los escenarios para hacerlo. Brasil podría estar transitando el derrotero hacia una grieta aún más profunda que las que se han vivido en la región y en el mundo. Colombia no lo transita, sino que ya arribó a un estado de caos con prognosis dramática. Algunos resultados electorales regionales preanuncian brechas o rebeliones similares en el área, a la que habría que agregar como miembro honorario a España, con su inclaudicable vocación latinoamericana. 

 

En su simplificación mínima, se denomina grieta a la irreconciliable diferencia en la concepción de un país entre la libertad y algún formato de tiranía, (de uno o de millones) o en términos económicos, a la también irreconciliable diferencia entre los que quieren usar el eufemismo del estado buenista como un mecanismo para apoderarse más o menos legalmente del patrimonio ajeno, con el iluso argumento de remediar la pobreza, de resolver las inequidades o igualar las desigualdades. El falaz coeficiente de Gini en acción. También llamada demagogia populista o burocracia tiránica.  

 

Una vez que las sociedades entran en el embudo de la grieta, tarde o temprano lo que obtienen es un formato antidemocrático y de empobrecimiento imparable, más allá de alguna recuperación engañosa y efímera. Los creadores de riqueza huyen físicamente de esos entornos, imposibilitados de conservarla, crearla o simplemente de tomar riesgos por su cuenta. 

 

Se llama reseteo mundial a la intención de generalizar ese proceso hasta que nadie tenga ningún lugar adónde huir con su persona y su capital, porque la grieta será global, orgánica y conducida desde una burocracia de inútiles deliberados que cada vez se evidencia más. La lectora puede ponerle el nombre que guste. 

 

En tal contexto es que Uruguay tiene una gran oportunidad, en los tres campos, social, económico y político. El logro financiero de la semana pasada es un esbozo de lo que podría ser un verdadero plan estratégico, o mejor, una política de estado oriental a la que aspirar. La colocación/renovación de deuda en pesos y en dólares a tasas de primer mundo fue algo más que una jugada oportuna en los mercados. Guarda relación directa con la conducta en el pasado y el presente y con la gestión futura que se avizora. El elogio del senador Astori es también un autoelogio. (Esta columna, que tanto discrepa del exvicepresidente, destacó oportunamente su moderación en su larga gestión y también lo fustigó por su reciente brote recaudatorio distributivista)

 

Conociendo la mecánica de pensamiento de cualquier inversor, un país se evalúa en su riesgo y sus oportunidades por su seguridad jurídica, sus planes, su conducta presupuestaria y sus valores institucionales. Sostenibles en el tiempo. Y eso vale también en la pospandemia y en el supuesto reseteo universal. A menos que el inversor esté loco. 

 

Pero hay algo más que demuestra esta emisión de deuda: que no todos los países son la misma cosa. Que no da lo mismo ser mesurado y cuidadoso que confiscar, emitir a lo loco, endeudarse a cualquier tasa en la esperanza de no pagar, mantener o subir el gasto público irresponsablemente o callar los reclamos con solidarisimo berreta inflacionario que de todos modos nunca alcanzará. 

 

Esos mecanismos llevan al desempleo, a la grieta, y con toda seguridad a la miseria colectiva. Tal vez a la perpetuidad de ciertos políticos, que terminarán cayendo al mismo abismo al que llevan a una masa zombi que los escucha, los sigue y les demanda más limosna, ahora con el mecanismo convalidado/auspiciado por el globosocialismo de romper todo con las hordas. 

 

Como nada de esto se ignora, ni por los victimarios ni por las víctimas, este otro camino es la ventaja competitiva uruguaya. Y la oportunidad es enorme.  Para dar una sola razón, ninguna empresa, emprendimiento o actividad, tiene una tasa implícita de interés o de expectativa de retorno mayor a la del país en que se radiquen. En un contexto global en que los bienes físicos seguirán perdiendo importancia frente a los servicios y los bienes tecnovirtuales, ese dato no es irrelevante.

 

La otra clave será la capacidad de diseñar una política exterior coherente, permanente e inteligente. Y minimizar la trampa de la maraña de normas y tratados de la burocracia trasnacional, de cuyos resultados la OMS es un ejemplo, incluyendo el ataque contra la libertad.  


En ese proscenio, el Pit-Cnt prepara su paro general el próximo mes, con reclamos propios de un partido político, difícilmente de una central de trabajadores, por monopólica que fuese. Algo que difícilmente ayude a bajar la tasa de interés/riesgo país, ni a aumentar la inversión y el empleo. A menos que el objetivo sea la grieta por la grieta misma, una estrategia per se del trotskismo. 

 

En esta instancia, el Frente Amplio tiene mucho para evaluar, meditar y redefinir. Si cree que debe redefinir algo. Y si le importa hacerlo. 






Publicado en El Observador  11/05/2021


El partido empieza cuando termine la pandemia

 

El virus ha puesto en coma inducido el debate sobre cambios de fondo en la concepción económica y del comercio internacional 




 











Siendo optimistas, cuando termine la pandemia al gobierno de la coalición le restarán tres años de mandato. Sufrirá, en ese momento, todas las presiones generadas por el SARS-2 y su contención, global y localmente. También sufrirá el peso negativo de lo que se llama el reseteo mundial, que es sólo el recurso dialéctico del popusocialismo que intenta hacer creer en su cede central y en todas sus sucursales que el virus ha derogado las leyes económicas, y otras leyes fundamentales. 

 

Sufrirá, además, el efecto del proteccionismo mundial, error deliberado -valga el oxímoron – que los países centrales, sobre todo EEUU, cometen cuando están ante una crisis de empleo y depresión, lo que suele atrasar la recuperación universal varios años y condenar a los países de producción primaria. 

 

También habrá perdido el momento de gracia poselectoral, tanto dentro de su alianza como en la opinión pública, y habrá gastado un tiempo que se debía usar para la prédica y la propuesta y que se tuvo que consumir en la emergencia sanitaria, incluyendo recursos destinados a ayudas que siempre serán consideradas insuficientes. 

 

Como si eso no bastara, tiene y tendrá enfrente a su opositor principal, el Pit-Cnt, que ya sea con su herramienta el FA o por su cuenta, (debería asumirse como partido político de una buena vez) continuará saboteando todo intento de recuperación del empleo y del comercio (la misma cosa). Hoy mismo la central trotskista está bregando por la derogación de la LUC, usando los mismos argumentos que llevaron a la parálisis final del empleo privado y está defendiendo el monopolio burocrático y la autarquía inaceptable de las seudoempresas del estado, eufemismo por feudo intolerable, sospechoso y petrobrasiano. 

 

Y, como remate, tendrá la ciega presión ideológica de los impuesteros, que este espacio ha definido como un operario que sólo sabe usar el martillo y entonces arregla todo a martillazos. Tienen un impuesto para cada problema. O sea, un problema para cada problema. Un ejemplo es el de un hijo dilecto de la central sindical protegida, el exministro Murro, que inventa ahora el concepto de equidad o justicia intrageneracional para lo que llama solución al problema jubilatorio, que en definitiva consiste en sacarle su plata al jubilado con más aportes para darle al que no aportó lo suficiente, y como eso no alcanza, cubrir la diferencia con nuevos impuestos que denomina solidarios, porque por supuesto, todo impuesto es solidario… con la burocracia sindical o de jerarcas. Implica resolver el déficit del sistema con más impuestos. El martillazo. Como cuánto más gravámenes menos trabajo, el círculo vicioso es infinito y termina sin empleo; el futuro con que se amenaza es evidente y caerá sobre la falda del gobierno en 3, 2, 1…

 

En ese marco se vuelve a discutir el Mercosur, tarde e inconsecuentemente. El mundo pospandemia será cruel, egoísta e insolidario. Las commodities darán un respiro al déficit y al riesgo crediticio, pero sólo eso. El valor agregado vendrá por la innovación, no por los tratados. Por supuesto que hay que dar la discusión, pero la columna no pone esperanza alguna en el resultado, aún en el supuesto caso de la soñada flexibilización de la decisión 32/00. 

 

Paralelamente se introduce la discusión sobre los socios que debe seleccionar el país para ese futuro. Como si existieran opciones reales y como si existiera la posibilidad de optar. Se compra aquí el discurso del gobierno norteamericano, que justifica su feroz embestida proteccionista contra China en nombre de luchar contra la dictadura comunista, cuando en realidad está tratando de emparchar la anomia de la industria del norte en los últimos 40 años, con sus CEOS mucho más preocupados en sus bonus, stock options y recompra de acciones, que en actualizar sus métodos de producción y sus líneas de productos, y en comprar empresas de tecnología más que en desarrollar su propia innovación. La pelea mundial no es ideológica. Es comercial. China era comunista y dictatorial con Nixon, con Clinton, con Obama y con los Bush. 

 

Aún cuando la realidad no fuera tan contundente como este análisis, no será muy distinta en sus efectos. Por eso el gobierno debería pisar el acelerador y doblar su apuesta a las radicaciones de persona físicas y de inversión a las que se jugó, y que se vieron obstaculizadas por la pandemia, en los viajes y contactos personales imprescindibles y con la parsimonia virósica de consulados y otras oficinas públicas.

 

En esa línea, debería garantizar con una ley, además de la vacación fiscal de 10 años ya sancionada, que quien se radicase no se verá afectado por nuevos impuestos. Hasta un distraído sabe que, por una simple cuestión de alternancia, la coalición tiene muchas probabilidades de ser sucedida por un gobierno del Pit-Cnt o por alguna aliado cautivo tipo FA que le responda ideológicamente. Eso implica una lluvia de impuestos estilo argentinos o peor, con la excusa y el nombre que se irán viendo. Aún un desprevenido emprendedor argentino comprende que, si eso no se resuelve, radicarse en Uruguay será sólo un breve interregno, y así lo planificará. De paso, esa norma debe corregir las inequidades creadas por la legislación sobre la extensión de los 10 años de alivio tributario a los inversores, que deja fuera a los ya residentes que invirtieron en propiedades antes de 2020. Una discriminación jurídica, por apresuramiento y poco análisis, seguramente. 

 

La distintez oriental sólo será posible si se aumentan sensiblementes la inversión y la innovación privada. De lo contrario, se volverán al círculo vicioso del martillazo impositivo, hasta que el último ahorrista y el último trabajador paguen la cuenta de todo. 



 

 

 




Publicado en El Observador 04/05/2021




¿A quién le importa el trabajo? 

 

El bienestar de una sociedad está dado por su capacidad de generar empleo. Reemplazar el trabajo por un sueldo estatal o un subsidio es cortoplacista y provisorio




 













No parece posible estudiar la problemática oriental sin abordar la particular concepción sobre el empleo que tiene en general su sociedad, concepción que juega y jugará un papel excluyente en el futuro pospandemia, empezando ya. 

 

Para comenzar, se equipara el empleo estatal con el empleo privado, lo que convierte al estado en un empleador de última instancia, con múltiples consecuencias y efectos negativos. Así como el estado es incapaz de producir riqueza, aunque sí de pulverizarla, (sobran ejemplos locales y globales) el empleo público usado como herramienta político-económica y como fuente de trabajo, no solamente escamotea los resultados de las ideas y acciones equivocadas de los gobiernos, del sindicalismo y el proteccionismo, sino que engorda el estatismo hasta matar por inanición toda fuente de trabajo privada. 

 

En ese proceso, se van acumulando protecciones constitucionales y legales que hacen que los salarios estatales sean mayores que los privados, que el despido esté prohibido y casi lo esté la mismísima eficiencia, y que el ajuste por la inflación que el propio estado produce con exclusividad con su gasto y su emisión sea una garantía no sólo de conservación del poder adquisitivo, sino de futura mayor inflación. Lo que por supuesto, impacta contra el trabajador del sector privado. 

 

A este listado, al que se llama conquistas, se suma el sindicalismo unánime y monopólico, que se ha ocupado de ejercer una permanente oposición a la actividad privada, hasta lograr que sea considerada casi un enemigo por el trabajador, con la anuencia de la sociedad que muchas veces pondera como avance mundial ese proteccionismo laboral. 

 

En tal marco se insertan las mal llamadas empresas del estado, (empresa implica riesgo, que en este caso sólo es asumido por el contribuyente o el consumidor) o sea el monopolio de servicios esenciales. Para dar un solo ejemplo de su comportamiento, alcanza el reciente chantaje de los ejecutivos de UTE, que amenazan con el riesgo de cortes masivos al gobierno, que apenas intenta aplicarles un modestísimo ahorro en la reposición de vacantes o atrición. (¿O habrá algún resultado incómodo en la Auditoría?) Los jerarcas de estas empresas son burócratas de altos ingresos, y defenderán a muerte su privilegio, su inmunidad y a veces su impunidad. 

 

Se agrega, como ya se ha analizado aquí, el dilema de la jubilación, que, sin una generación fluida de empleo privado y en un entorno de tasa cero, se convertirá en un problema recurrente con parches y disconformidad permanentes y mayor gasto para la sociedad. Como siempre, el problema está agravado por toda la solidaridad que se le ha ido cargando injustamente al mecanismo de retiro, que supone un gasto adicional del 30 por ciento, sambenito que no es serio, ni corresponde, colgarles a los jubilados con aportes plenos, ni al sistema de reparto intergeneracional. 

 

Que todos estos procesos descritos hayan ocurrido gradualmente, a lo largo de muchos años y hasta hayan funcionado un rato, no los hace válidos, ni les quita gravedad. Tampoco les da carácter de patrimonio nacional, ni de compromiso patriótico, ni de ideología. Adicionalmente, esta cosmovisión lleva a la figura fatal del subsidio permanente, del salario sin trabajar, la Renta Universal o como se le llame, que es finalmente empleo estatal sin la molestia de tener que trabajar, o hacer una contraprestación. 

 

No solo el empleo privado no es considerado primordial, sino que los criterios antes esbozados obran como enemigos del aumento de demanda laboral, tanto desde los aspectos éticos y conceptuales, como porque condenan a una permanente inseguridad impositiva, al requerir más exacciones con cualquier excusa, con lo que la inversión es harto difícil.  

 

Así, mientras el Pit-Cnt se ocupa de inventar y proponer nuevos tributos, una tarea de voluntariado que difícilmente le corresponda, otros sectores más técnicos, no más acertados, bregan ahora por eliminar las eximiciones a ciertas radicaciones, exenciones que serán mejor o peor diseñadas, pero a las que obliga a recurrir la ofensiva tributaria rampante, para conseguir alguien que quiera radicarse. Ambas posturas se contraponen. Ambas posturas ahuyentan inversión y empleo con su solo enunciado. Lo malo de las eximiciones es que no se conceden a todos, eso sí. Se llamaría rebaja de impuestos. 

 

El aumento del precio de la soja y los cereales ha vuelto a ilusionar a los defensores de las teorías del “somos distintos” y “vamos tirando”, que finalmente significa cobrarle más impuestos a cualquiera que saque la cabeza del pantano, o sea volver a lastimar el empleo privado y a fomentar más estatismo. El círculo vicioso perfecto. O más bien una espiral involutiva que conduce al mínimo absoluto. Y a la pérdida de libertad. 

 

La pandemia potencia el drama del desempleo privado. Que curiosamente muchos proponen hacer más dramático encerrando a la población. Y clamando por más gasto paliativo y más impuestos supuestamente temporarios, un ensayo general de socialismo forzado. Si a esa situación se agregan el inexorable efecto de la tecnología, (que entre otras cosas posibilitó desarrollar vacunas salvadoras en menos de un año) y la demanda de bienes que no dependen de mano de obra intensiva sino de trabajo especializado, la concepción oriental sobre el empleo y la economía en general podría tener que cambiar. A menos que se vuelva a recurrir a la única, cómoda, precaria y vieja solución de ordeñar al campo o a cualquier otra peligrosa y reaccionaria manifestación de riqueza, mientras dure. 

 

“Vamos tirando”. Una leyenda que debería estar en algún símbolo patrio. Aunque no merezca estarlo, es un intento de idiosincrasia respetable.